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dissabte, 17 de setembre de 2011

Molt interessant : Deute, patró or i. ... Wittgenstein!

A mediados del siglo pasado, Ludwig Wittgenstein, revolucionó el mundo de la filosofía y de la lógica con un planteamiento radical: no existen los problemas filosóficos (ni lógicos), sino que estos están provocados por las propias limitaciones del lenguaje. Su idea es que si pudiéramos ver la realidad sin tener que explicarla, todo tendría perfecto sentido y que es al tratar de pensarla y transmitir este pensamiento cuando nos metemos en líos. Si pudiéramos mirar a la situación económica y financiera mundial sin tener que pensarlo, veríamos que muchas de las cosas que están pasando son producto de una confusión en el uso de algunos o de muchos conceptos. Los sistemas económicos son una construcción social más y sus crisis son problemas sociales y no físicos, como nos gusta habitualmente creer para sentirnos capaces de dominarlos. La idea de default de un país soberano en la emisión de su moneda es un buen ejemplo de los inconvenientes que genera un concepto mal manejado. Abandonado el patrón oro en el año 1971, el dinero que utilizamos sólo tiene valor porque todos estamos dispuestos a dárselo. Los Estados que tengan la soberanía sobre su moneda pueden crearlo con un mero apunte contable y, por tanto, si quieren, siempre podrían hacer frente a las deudas que hayan contraído emitiendo nuevo dinero. Endeudarse es otro concepto resbaladizo. Además de mal entendido, está también sujeto al estrés de la cantidad. Parece que mucha deuda es mala, pero ninguna deuda es poco eficiente. La realidad es que el nivel de endeudamiento es correcto o no en función de nuestra idea de cuál sea el endeudamiento correcto y de nuestras expectativas respecto al futuro. Es un problema circular. Mientras que en una familia o en una empresa cuando debemos dinero tendremos que ganarlo para poderlo devolver, en el caso de un país soberano sobre su moneda no hace falta hacerlo porque se puede crear más dinero. Pero un Estado soberano no es ni una familia ni una empresa ¿Cómo gana dinero un país? ¿Por qué ganar lo que puedo emitir?

Un Estado manirroto, dispuesto a ampliar la cantidad de dinero en cualquier momento, tendría una divisa con muy poco valor respecto al resto de países y eso afectaría mucho a su nivel de vida porque no podría comprar nada y tendría que vivir con lo que fuera capaz de producir. Los niveles de inflación serían además muy altos, porque si se puede emitir caprichosamente el dinero, el que hayamos decidido guardar valdrá menos.

El sistema financiero de cada país, los bancos, ayuda a que el dinero cumpla con su función, llegue a los ciudadanos y a que dentro de una, en teoría, estricta regulación se multiplique aumentando las posibilidades de hacer cosas. Parándonos aquí, vamos a mirar lo que pasa en la Europa de la Unión Monetaria. Cuando asumimos el uso de una moneda común se llegó a un compromiso de autolimitación respecto a la capacidad de crear dinero nuevo, que como ya no puede hacerse emitiendo, tiene que hacerse endeudándose. Durante bastantes años el coste de la deuda de cada uno de los países que forman la Unión Monetaria era muy parecido, ya que no existía ninguna duda sobre el sistema, pero cuando la falta de confianza en la cohesión política y los abusos de algunos de los socios empezaron a poner en cuestión la consistencia del sistema se produjo la crisis que nos ocupa. El coste económico de solucionar el problema del euro sería cero si todos los socios en la moneda fueran capaces de ponerse de acuerdo en el uso común que van a hacer de ella y consiguieran transmitir confianza respecto a la estabilidad en ese compromiso, de la misma manera que el coste económico sería infinito si supiéramos positivamente que no va a haber ningún tipo de acuerdo. Atrapados en el y por el lenguaje, cuanto más tratamos de dar explicaciones, más nos hundimos en el pantano. Que caiga de cotización el euro no es necesariamente un reflejo de la debilidad de la Unión Monetaria, sino probablemente el camino hacia su fortaleza. La cotización del euro es la cuota que hay que pagar por estar en el 'club' y cuanto más alta sea, más elitista será y, por tanto, menos utilidad aportará a sus componentes. Todos, como Groucho, solo queremos estar en los 'clubes' donde no deberían admitirnos. Otra idea muy peculiar es la demanda de capitalización del sistema financiero europeo por los riesgos derivados de la tenencia de la deuda soberana europea. Para capitalizar los bancos se emitiría más deuda, lo que haría que esta tuviera menos valor y repetiríamos el ejercicio también hasta el infinito o hasta que nos diéramos cuenta de que un problema es el de la deuda, que sólo tiene una solución política, y otro el de los bancos con el resto de sus activos. Que yo no haya conseguido explicar correctamente lo que está pasando es consistente con la teoría de Wittgenstein sobre el lenguaje. Si lo entendiéramos, el problema no existiría y, por tanto, si existe, (y esto queda demostrado si hay alguien que haya tenido la paciencia de llegar a leer esta línea) no podremos entenderlo.

Magnífico artículo hubiera sido éste si no lo hubiese escrito ni hiciera falta leerlo.


Santiago Satrústegu
Consejero delegado de Abante Asesores (Expansión.com)