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diumenge, 13 de maig de 2012

Lectura 1 BAT: ARTICLE X Sala i M. (Expansión)

Falta de seriedad


Hasta diciembre de 2011, el problema de España era que corría el riesgo de “contaminarse” de los problemas de Grecia.
Recordad que en Europa había países insolventes –Grecia– y países como España o Italia que eran solventes pero faltos de liquidez –solventes quiere decir que tienen capacidad de pagar sus deudas en condiciones normales y faltos de liquidez quiere decir que necesitan pedir prestado a corto plazo porque sus gobiernos gastan más de lo que ingresan y mantienen un déficit fiscal–.
El problema para ese segundo grupo de países era que los acreedores, en estado de pánico, podían pedir unos intereses tan elevados –una prima de riesgo tan elevada– que acabasen haciendo que, efectivamente, España no pudiera pagar. Es decir, España corría el peligro de lo que se llama “profecía auto-realizada”: los acreedores “profetizan” que España no podrá pagar y suben los intereses para compensar el riesgo de impago, eso encarece el crédito hasta el punto que, efectivamente, España no puede pagar.
Para solucionar ese problema era importante que el Banco Central Europeo saliera a la palestra para comprar deuda de los países “solventes pero faltos de liquidez” y que, a su vez, esos países hicieran lo posible para (1) recortar sus déficits fiscales y (2) reencontrar sus sendas de crecimiento –es decir, reformas estructurales–.
El pasado diciembre de BCE hizo su parte del trato e introdujo el LTRO (long-term refinancing operation), programa de créditos baratos a los bancos para que éstos compraran deuda de países como España. Las primas de riesgo bajaron y permitieron que la tranquilidad volviera a los mercados.
El problema es que España no ha cumplido su parte del trato. Después de ganar las elecciones de manera abrumadora, el Partido Popular no ha hecho nada para ganar la credibilidad que había perdido el Gobierno de Zapatero. De hecho, en cien días ha hecho todo lo que ha podido para dilapidar las esperanzas que la mayoría de españoles habían depositado en el cambio. Ahí van unas muestras:
1. Incumplir promesas fundamentales como la de no subir impuestos no sólo demuestran que el nuevo Gobierno no tiene una filosofía que cree que puede dar resultados (y, de paso, en la que podamos confiar todos), sino que va a la deriva adoptando medidas populistas, electoralistas y sin un rumbo fijo.
2. Posponer unos meses el presupuesto más importante y esperado de la historia de España con el objetivo de no perder las elecciones andaluzas demuestra que, igual que Rodríguez Zapatero, el PP antepone sus intereses electorales al interés del país.
3. Contratar a amigos y familiares del PP por doquier en un momento en que cinco millones de ciudadanos están en el paro indica que el PP no quiere el poder para solucionar problemas sino que sigue con la insana tradición española de querer beneficiarse de él.
4. Hacerse el “machote” ante los electores diciendo que no se cumplirá el déficit del 4,4% del PIB que imponía Bruselas sino el 5,8% unilateralmente decidido por Mariano Rajoy es una muestra de valentía... pero no cuando 24 horas después del anuncio Bruselas te corrige y te obliga a aceptar el 5,3% y tu obedeces sin rechistar.
5. Seguir negando que la solución al problema financiero de España va a requerir docenas de miles de millones de euros al erario público es zapaterizar la gestión económica a base de esconder la cabeza bajo tierra, cosa que demuestra o incompetencia o falta de sinceridad (o ambas). Y eso se castiga.
6. No asumir la propia culpa o la propia incapacidad de reducir el déficit y dar las culpas a las autonomías o al Gobierno anterior es una muestra de irresponsabilidad.
7. Hacer unos presupuestos vanagloriándose de los “sacrificios” de 27.000 millones cuando en realidad 14.300 de esos millones son un sacrificio de los ciudadanos a los que se expropia una cantidad mayor del dinero a través de impuestos y tasas y 5.000 millones son un sacrificio que se impone a las comunidades autónomas es demostrar una falta de seriedad escalofriante.

Estamos a la espera de ver la reacción del Gobierno a la flagrante violación del derecho internacional llevada a cabo por el Ejecutivo argentino con la expropiación de Repsol porque seguramente tendremos que ampliar la lista. De momento, queda claro que, estamos en nueva fase de la crisis en la que España ya no es claramente un país solvente que corre el riesgo de unos acreedores en estado de pánico pongan injustamente a España en el saco de Grecia: España se ha puesto a sí solita en el saco de Grecia.
Créditos baratos
Y la principal consecuencia de todo esto es que, esta vez, el problema de España ya no lo arregla el Banco Central Europeo dando créditos baratos a los bancos para que se lo presten a España y bajar así la prima de riesgo. Esta vez lo único que puede salvar a España es que el Gobierno deje de dar bandazos, deje de hacer trampas, haga las cosas con seriedad, asuma sus responsabilidades, se deje de electoralismos cortoplacistas y coja el toro por los cuernos con valentía y decisión.
Los recortes de gasto y subidas de impuestos van a empeorar la recesión a corto plazo. Todo el mundo debe ser consciente de ello. Pero para salir definitivamente del agujero el Gobierno debe demostrar dos cosas que hasta ahora no ha tenido: rumbo y seriedad.
El rumbo debe indicar la dirección hacia la que se va y debe demostrar cómo se va a transformar el tejido productivo del país para hacerlo competitivo y capaz de generar empleo, riqueza, crecimiento... e ingresos fiscales. La seriedad se necesita para convencer a todos los ciudadanos de que los sacrificios que se les exigen van a servir para mejorar el bienestar de todos y no para mejorar las chances electorales de algunos.